domingo, 11 de septiembre de 2016

Selena Gómez sufre ansiedad y ataques de pánico por la quimioterápia


Cuando Selena Gomez salió de rehabilitación en 2011 rompió con todo: abandonó la casa de su madre, despidió a su agente, cambió de compañía discográfica y lo dejó con su novio, Justin Bieber. Era un volver a empezar. Borrón y cuenta nueva. Lo de antes no sirve, hay que construir algo nuevo. Tenía 19 años y no quería convertirse en una nueva adolescente devorada en las fauces de la glotona industria del pop superventas. Aquella vez ingresó aduciendo "agotamiento físico". Cinco años después, Selena está de nuevo asfixiada. Acaba de cancelar su gira sin eufemismos: sufre agotamiento, ansiedad y ataques de pánico. Parte de este diagnóstico está causado por la quimioterapia a la que se somete para combatir la enfermedad crónica de lupus aseguró el diario español El País.

El lupus genera un malestar y fatiga implacable, que en ocasiones impide al enfermo levantarse de la cama durante días. Aunque no sea por los motivos que le gustarían, la princesa pop Selena Gomez (Texas, 24 años) puede por fin descansar tras 13 años de trabajo continuo. Y bajarse temporalmente de un tren de vida que le aplasta.
Selena Gomez y su madre
Para desembocar en la actual situación de parón técnico, hay que analizar lo que ha vivido esta mujer desde los 11 años. A esa edad se trasladó a Los Ángeles con su madre, quien además se encargó de tutelar su educación escolar en casa. Desde entonces ha protagonizado dos series, ha aparecido en 15 más y ha rodado 21 películas. Además, ha lanzado dos perfumes y una línea de pintaúñas, ha fundado su propia productora, ha sido imagen de Pantene, Coca-Cola y ahora Louis Viutton. A los 17, se convirtió en la embajadora de UNICEF más joven de la historia para combatir contra la pobreza infantil. Con 18 años lanzó su primera línea de ropa, que ella promocionó como un estilo ponible y sostenible. En medio, giras, grabaciones de discos con la exigencia de que lleguen a lo más alto de las listas y ese noviazgo con Justin Bieber que, aunque se haya termina hace años, sigue vivo por los entredichos, convirtiéndose en un circo suculento para el público ávido de intimidades pop.

Selena Gomez se ha metamorfoseado de intrascendente pseudoestrella Disney a uno de los mayores iconos pop de nuestro tiempo. Y no han sido sus canciones, que quizá hayamos escuchado en el hilo musical del gimnasio sin saber que era ella; ni sus amagos de películas indies, que han espantado tanto a sus fans como a los cinéfilos. Lo que ha forjado el mito ha sido Instagram. Casi 100 millones de seguidores (va por 98,5) la convierten en el ser humano más observado del planeta. En el top cinco de fotos con más likes, tres son suyas, y una más es de Justin Bieber acompañado de... Selena Gomez. En el número 1 reina una imagen aparentemente sencilla que captura la esencia del fenómeno Selena: más guapa que nunca, con un pelo que no entiende de puntas abiertas, reposa una pajita sobre sus labios y una botella de coca-cola (marca para la que, recordemos, Gomez trabaja) con la letra de una canción de Selena en la etiqueta. "You're the spark" (Tú eres la chispa). El texto que acompaña a la foto es igual de sencillo: "Cuando tu letra sale en la botella".
Selena Gomez
Esa es la Selena Gomez que ha cautivado a millones de adolescentes e intrigado a millones de adultos. No se vanagloria de su extravagante modo de vida (como si hace su mejor amiga, Taylor Swift), sino que se muestra como una chica corriente a la que le están pasando cosas extraordinarias. Cuando se viste de gala, parece disculparse ("es divertido parecer guay a veces"), desplegando una humildad que resulta genuina y con la que millones de personas se sienten reconfortantemente identificadas. Sin embargo, hay algo más. Algo enigmático que el mundo entero parece obsesionado con descifrar. Desde un punto de vista sádico, da la sensación de que el tiempo se le agota y Gomez está destinada a descarrilar como tantas otras estrellas infantiles. Y al parecer la opinión pública ya ha sacado las palomitas.

Conocemos la historia de memoria. Niñas explotadas por sus padres, obligadas a trabajar hasta la extenuación y sometidas por una imagen pública impoluta que un día cumplen 20 años, se dan cuenta de que alguien se ha fundido todo su dinero y se rebelan de la forma más grotesca posible. Selena Gomez se formó en la factoría Disney, donde coincidió con otras estrellas actuales como Miley Cyrus, Demi Lovato o los hermanos Jonas. Actuaba en series (como Los Magos de Waverly Place), cantaba bandas sonoras y participaba en películas y musicales. Era muy pequeña y extremadamente vulnerable.
Selena Gomez y Justin Bieber
Gomez pasó por esa historia, y ahora se niega a convertirse en un juguete roto. "Somos un objetivo fácil. Todos y cada uno de los niños que crecieron como yo, trabajando en series y en musicales desde tan pronto, son un objetivo fácil. Me da asco. Supongo que para los demás es divertido, es como pasar al lado de un accidente de tráfico. Quieres verlo". Así es. Selena Gomez es tan oscura como los medios carroñeros sensacionalistas ansían que sea, pero mucho más inteligente de lo que les conviene.

El periodista español Lino Portela entrevistó a Selena en Madrid, cuando formaba parte de la productora Disney, participando en series y en bandas sonoras: "La vi apocada, era poca cosa. Nada que ver con esa figura tan deslumbrante en la que se convirtió años más tarde. Estaba empezando a ser adulta, pero todavía tenía dejes de corrección política". A Portela le llamó la antención el entorno de la cantante: "Le pregunté por su relación con Justin Bieber y ella no respondió muy bien, no quería hablar de aquel tema. Tenía mucha gente a su alrededor y todos con pinta de matón de discoteca. Ella, tan aparentemente frágil, producía un sentimiento de pena".
Selena Gomez
"No me quiero ni imaginar cómo habría sido mi vida de haberme quedado en Texas, supongo que ya habría dejado el colegio y tendría un hijo", reflexionó Selena a los 21 años en la publicación Wonderwall. "Este año cumplo 24. Si me hubiera quedado en Texas me habría vuelto a enamorar y estaría pensando en volver a estudiar y formar una familia", fantaseó hace un par de meses. Es como si disfrutase regodeándose en escribir la vida que pudo haber tenido. Quizá quiere reafirmar su verdadera existencia, para verle el lado bueno a esa fama que le está absorbiendo la energía. O quizá añora esa vida rural que sería menos emocionante y le regalaría menos likes en Instagram, pero que no le habría llevado a dos clínicas de rehabilitación antes de los 25.

La cantante viene de una familia muy humilde. Su madre la tuvo a los 16 años. Cuando Selena cumplió cinco años sus padres se divorciaron y ella se quedó a vivir con la madre. Esta alternó tres trabajos para poder mantenerla y contaba monedas con el objetivo de comprar una lata de espaguetis precocinados. Si no llegaban, no había cena. Selena Gomez es una actualización del "a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre", pronunciada por Escarlata O'Hara, el mayor icono sureño del siglo XX. Selena tiene dos hermanastras pequeñas, una por parte del padre y otra de la madre.
Selena Gomez
La melancolía que adquirió en los tiempos duros de su infancia está en cada foto, en cada entrevista y en cada canción. El problema es que el mundo parece más preocupado por si utiliza suavizante o no. En una reciente entrevista para Elle, le hicieron ocho preguntas: tres sobre su pelo, tres sobre su entrenamiento físico y dos sobre sus tratamientos faciales. Y, por supuesto, nos preocupa muchísimo su Instagram. No sabíamos que "la estrella con más seguidores" o "la foto con más likes" eran récords hasta que ella los batió. Selena Gomez ha inventado Instagram tal y como lo conocemos.

Llegados a este punto, Selena corre el peligro de convertirse en una estatua a la que no van a dejar tener sentimientos. Su exnovio, Justin Bieber, ha sonado en todas partes con una canción, Sorry, en la que se disculpa por haberle sido infiel a ella. La canción de Selena, Good for you, fue criticada por varias asociaciones feministas por perpetuar un mensaje de "quiero estar guapa para mi chico". Parece que todo lo que haga, diga o piense está expuesto, y es sensible de ser juzgado por millones de desconocidos. Gomez lamenta que su pasado resulte más fascinante para la gente que su futuro, insinuando que su vida es una batalla que debe librar sola. Ella prefiere desmitificar su vida de superestrella, y confiesa que de lo único que le sirvió cantar en un desfile de Victoria's Secret fue para sentirse más bajita, o que cuando conoció al rapero P Diddy este le dio su ticket del aparcamiento creyendo que era una azafata.
Selena Gomez
"La exnovia de Justin Bieber", "la mejor amiga de Taylor Swift", "la persona con más seguidores en Instagram" son en realidad cualidades fortuitas, estadísticas impersonales, no consecuencias de su talento. Es como si su propia vida le fuera ajena.

Ella es la líder de una manada, la de las estrellas 2.0, que nunca llegan a desaparecer del todo. Siempre están ahí, en Instagram, en alguna fiesta, o implicadas en alguna bronca por Twitter, y cuando sacan discos o estrenan películas, parece que ya se nos había olvidado que esa era la razón por la que se hicieron famosos en primer lugar. "Tienes dos extremos", explicaba hace solo unos meses, "puedes sucumbir a la fama, disfrutarla y dejarte llevar por el subidón, o puedes alejarte al máximo porque no confías en nadie ni crees que esa fama sea auténtica". Ante este retiro forzoso, parece que por el momento Selena Gomez ha elegido la segunda opción. Pero no cabe duda de que volverá, tarde o temprano. Ya sea por pura vocación o porque, simplemente, no conoce otra forma de vida.

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