domingo, 23 de enero de 2011

RICKY MARTIN ‘Llegué a tocar fondo’

Lo que sintió fue atracción por los hombres desde siempre. “Yo creo que al igual que el heterosexual, con 5 o 6 años, cuando vas a la escuela y hay una nenita que te gusta, pues lo mismo para el homosexual. Lo que pasa es que uno trata de bloquear ese sentimiento cuando, alrededor, toda una sociedad, una religión, un entorno, te dicen que eso está mal. No se supone que uno sienta de esa manera...”

De haber traspasado fronteras en español como objeto de deseo para unas a serlo hoy para otros, hay un salto importante. Primero, en números: el día en que Ricky Martin lanzó por Twitter su confesión más íntima, empezaron a seguirlo dos millones de usuarios. Después, en felicidad. "Hoy acepto mi homosexualidad como un regalo que da la vida. ¡Me siento bendecido por ser quien soy!", dijo cuando lo soltó en la red. Por último, en cifras. Que el niño prodigio del grupo preadolescente Menudo, capaz de causar furor en los 80, se transforme en un hombre maduro y gay, puede avivar hasta el lánguido y moribundo negocio del disco.

El mensaje corrió como la pólvora. Más que el día del anuncio de su paternidad de los gemelos por madre de alquiler. Más que muchos de los éxitos que hicieron que este niño grande de San Juan de Puerto Rico (nació allí en 1971) se convirtiera en un fenómeno latino a escala planetaria. El sex symbol salía del armario, la estrella del contoneo, la cadera y las fans hacía pedazos su propio molde y echaba por tierra los cimientos de un fenómeno sensual.

¿Un mal negocio? No parece. Lo hizo justo antes de que aparecieran sus memorias, y cuando preparaba un nuevo disco. Pero, antes que nada, fue un desahogo: "Bueno, pueden pensar lo que quieran. En este punto de mi vida, con mi libro publicado, creo que he sido completamente transparente. Como he dicho en alguna ocasión, lo que pase a partir de ahora no lo sé, yo lo único que digo es que estoy en paz".

Todo lo demás le resbala. "El resto qué importa. La gente desde que salí ha visto esa realidad, esa honestidad, esa cara limpia. Algunos dirán que lo hice para vender discos; pues bueno, si lo piensan así es porque nunca se han puesto en mi lugar".

El artista comenta todo eso con la cara recién lavada y el pelo mojado, tras una sesión de fotos en el cuarto de baño, tomándose un cafecito y dispuesto a confesarse a fondo en un hotel de Madrid. Es el nuevo Ricky. Sin medias tintas.Transparente y feliz. Con su libro en la calle y nuevo disco. Mas: Música + Alma + Sexo, en el que cuenta, sin ambages, su liberación y su antiguo calvario. Un disco que le ha servido para decir hasta aquí en canciones como Basta ya, en el que restan esencias del Ricky eterno, dirigido a los de siempre y a la vez a un nuevo público, el firmamento gay universal.

Las confesiones son directas y muy sinceras, se siente liberado y cómodo al hablar de su presente, de su pasado y de lo que tenga que venir. Ya está harto de esconderse. "Cuando acepto todo, me miro fijamente al espejo y me digo: ésta es tu naturaleza, deja ya de pelear, de batallar. Quiérete, ámate... Coño, si yo hubiera gastado las mismas energías en un gimnasio para tratar de dominar una manera de ser, tendría los abdominales más envidiables del mundo".

Desde que a los 11 años se subió a un escenario con otros chicos de su edad, no ha parado de correr. Correr hacia delante. Correr sin pensar, sin mirar a los lados. Correr para huir de sí mismo y sin saber bien quién era. Trataba de agradar para conseguir ser aceptado y aceptarse. Un día, Madonna, gran amiga suya, se lo dijo: "Deja ya de dar entrevistas, Ricky.

Todo el mundo sabe quién eres". Pero, ¿y él? ¿lo sabía él? "Yo no lo sabía. Como cuento en el libro, veía 200.000 personas desde un escenario, en estadios, tres continentes en 24 horas, y tenía una necesidad enfermiza de ser aceptado, trabajar y trabajar para no pensar mucho".

En ese mismo libro, toda una reafirmación de su identidad titulada Ricky Martin. Yo, el cantante cuenta su existencia para llegar al punto de no retorno, y aceptar cada una de las consecuencias de lo vivido, lo sufrido, lo escondido, sin ambigüedades. "No, no, no vale que me digan lo que soy. Yo sé lo que soy, y soy un hombre gay".

De latin lover, ¿a bisexual?

Pero lo curioso de su caso fue que antes había construido una carrera sólida como latin lover. Un lugar con nubes y claros, de placer y tormento, que fue convirtiéndose en una jaula, una prisión donde él solo sabe cómo vivió.

Decidió afrontar todo cuando bajó de lleno a los infiernos, cuando se sintió verdaderamente infeliz, con rabia, soledad y reacciones desmesuradas a sus actos. ¿Cómo se digiere eso? "Llegué a tocar fondo", reconoce. "Yo me vi muy abajo, abajito. Pero ése es otro libro. Prendí la luz y no prendía, tiré vasos y vasos contra la pared. Estaba frustrado, desesperado, no sabía quién era y cómo compartirlo: tú representas esto, eres Ricky Martin, el símbolo sexual, y estás cansado. Llevaba desde los 11 años trabajando como un animal para ser algo, y entonces no veía otra salida para no pensar que no fuera vámonos de fiesta o sino me quedo aquí con los pijamas puestos".

Con sus memorias en la mano, Ricky Martin, técnicamente, podría catalogarse como bisexual. Muchas mujeres aparecen en sus páginas. Incluso su primera experiencia en la cama, presionado. "No la disfruté nada, pero me insistían. Tienes que hacerlo, estás preparado ya, todas las niñas lo están esperando, es lo que tú simbolizas. Bueno, pues vamos, vamos, y todo resultó un desastre. Yo decía: “y tanto, tanto que hablan para esto, por Dios...”. En mi familia no se hablaba de sexo, era tabú, me eduqué en un colegio católico, era monaguillo".

Dice: "Sí, he amado y gozado con mujeres y me he sentido en calma, en paz, deseado y he deseado yo a alguna mujer. Pero en este momento yo sé quién soy. Mucha gente me dice ahora que en aquella época quizá yo estaba intentando convencerme de algo. Bueno, llámalo como tú quieras, pero en ese momento yo sé lo que sentía".

Y lo que sintió fue atracción por los hombres desde siempre. "Creo que al igual que el heterosexual, con cinco o seis años, cuando vas a la escuela y hay una nenita que te gusta, pues lo mismo para el homosexual. Uno trata de bloquear ese sentimiento cuando alrededor toda una sociedad, una religión, un entorno, te dicen que eso está mal. No se supone que uno sienta de esa manera, y desde el primer momento que lo intuyes paras el cosquilleo ése en el estómago, y llega la confusión, el engaño".

Es difícil de entender en su caso. Más en un mundo cosmopolita, abierto, en la farándula de Livin' la vida loca cantada por el burro de Shrek. Sencillamente se esperaban otras cosas de él y todo el entorno le llevaba a la conclusión de que lo que sentía era malo, "Por lo que yo representaba, tanto en mi familia, en mi país, en la música".

Ricky Martin buscó una fórmula propia, mestiza, que le convirtió en icono de un estilo difuso, pero comercial y pegadizo. El pop latino. "Las etiquetas me inquietan un poco, nunca he sido purista ni quiero serlo. Mestizaje es lo que hago. Hay melodías muy pop que se convierten en rock. Pueblo, gente, masas, bulla". La cosa cuadró sobre todo en Estados Unidos. Pero ese es un Dorado que no sólo vale para los del Sur. "Los Beatles también lo buscaron, estaban muy contentos cuando llegaron a América y eran anglosajones".

Es un mercado, un mundo donde resulta difícil ser aceptado. "En algún momento de mi vida, yo he sentido el racismo allá". Fue en comparación a cómo lo recibían en otros sitios. "Lo sentía como un encasillamiento, como que no me iban a querer ni aceptar sino me convertía en uno de ellos. Llegaba a Francia, Japón, China y me decían: aquí viene un artista a presentar su trabajo, porque mi música no representaba descaradamente el sonido latino. ¿Qué es eso? En todos los lugares es distinto...".


La cabezonería le empujó hacia arriba. "Hay que trabajar, ser terco. ¿Qué vino primero: el talento o el esfuerzo? No lo sé en mi caso. Quizá las dos cosas. Me gusta lo que hago, y he estado rodeado de gente muy fiable. Pero también he aprendido de los que fueron seducidos por la fama y no sintieron esa fuerza que da el escenario y la idolatría; y acudieron a las drogas para poder seguir con una euforia artificial".

Pese a controlar todo aquello desde muy pequeño, su vida era difícil, pero él ha elegido voluntariamente su destino. "Yo lo había creado, o más bien, cuando yo entro en un grupo como Menudo, a los 12 años, ya eres automáticamente un símbolo sexual. ¿Qué es el sexo a esa edad? Yo no lo sabía, pero creas un rol para atraer a las chiquitas, y el que más se mueve y menea las caderas tiene más éxito, y uno se condiciona...".

Su caso, desde que Rock Hudson contó antes de morir su calvario como galán, no había causado tanto impacto en un sentido mucho menos trágico, se entiende. Él lo ha podido aceptar en vida. "Hudson no lo pudo asimilar, y como él, millones de seres humanos, hombres y mujeres que desafortunadamente no han sido capaces. Y es un problema que perdura, con adolescentes que se suicidan y adultos que no saben quiénes son, y mueren sin haberse aceptado. Es trágico. Muy doloroso.Te llena de coraje". Lo más irónico y lo más aleccionador para quien como él sufre, antes de dar el paso, es que no ha ocurrido nada desde entonces. Al contrario.

Todo el miedo se autodestruyó, se evaporó. Aquello era su bestia particular. Nadie le retiró el saludo. "No, no, al contrario, así mismo es. Pero como estás condicionado desde que naces, pierdes la autoestima, tienes miedo. Pero yo ahora vivo un momento en el que celebro cada paso que doy, y mis hijos...".

Matteo y Valentino son los primeros. Porque vendrán más, asegura. Ricky Martin hoy es un padre feliz. "Muchos me dicen qué egoísta soy al traer al mundo niños sin una madre; todo es relativo, de qué color vas a presentar su realidad, de todos los colores, nadie es igual; y cuando me pregunten, les diré que el amor que existía dentro de mí hacia ellos fue lo que hizo que encontrara la manera de traerles al mundo y sentirse únicos a su manera".

Dos hijos, dos padres

Tampoco tiene miedo a las dudas en ese sentido. "No todas las familias son iguales, hay familias con mamás y otros seres humanos andan por la vida sin haber sido deseados. Lo importante es que tienen amor. El concepto de familia es relativo, más amplio. Cuando vengan del colegio y me digan: “Mi amiguito tiene mamá, ¿por qué yo no?”, les responderé: “Tu amiguito no tiene dos papás". Sentido común. "Es jugar con eso y su autoestima, que sean felices y alejarlos de aquello que les vaya a pisotear. No hay espacio en mi casa para aquello que ponga en peligro su autoestima y su dignidad".

Fuera prejuicios. Aunque Ricky, al ser padre, se ha dado cuenta desde su nueva perspectiva que acechan por todas partes. "Mis hijos tienen el pelo largo porque detestan al barbero. Alguien me dijo: “Parecen nenas”. Si eso es lo que nos va a preocupar, estamos bien mal. Y si hace calor, pues yo les pongo moño o no. ¿Quién soy para decirles lo que se tienen que colocar encima? ¿Tú sabes lo que yo he sufrido en mi vida por sentirme obligado a hacer algo que no era o a ponerme algo que no era...? Me cuesta educar a la familia".

Dirá a sus niños que tienen dos padres. ¿Dos padres? El nuevo Martin anda feliz con su pareja. ¿Habrá boda? "No nos hemos parado en la alfombra roja, ni hemos dado entrevistas. En España puede pasar, el matrimonio entre personas del mismo sexo debe ser un derecho en todas partes. Ese papelito para muchos no es importante, pero para otros sí lo es. Una vez hablé de esto y ya dijeron: “Se va a casar”. Quiero tener ese derecho por si un día me levanto y digo: vamos, ¿dónde está el juez?".

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